(De los hermosos días de lluvia...)
Los días de lluvia ejercen en él ese proceso cruel de soltar las armas... de bajar la guardia... de creer que por una vez acaso es posible descansar... de recordar por sorpresa...
entre el olor que despide la tierra húmeda y tibia... su olor...
entre la penumbra vaporosa de nube caricia a ras de suelo... su brillo estridente y pasajero... fugacidad...
entre el rumor de las gotas que golpean las hojas de los árboles... sus palabras claras... nitidas... contundentes...
- es que no es posible que no te des cuenta... bien dicen que no hay más ciego que el que no quiere ver...
esa última sentencia se eleva y se extiende infinita... un manto... una lápida... el pasado y el presente... y todo lo que haya sido que pasó, que algo pasaría en medio... aunque no se recuerde, aunque no se defina sino porque hoy es posible revatir... cuando ya resulta innecesario... tan claro como si estuviese sucediendo... junto con lo que no sucedió y que sucede ahora... que en aquel entonces no hubiese tenido sentido aunque hubiese logrado algo, y que hoy, ahora ya no lo tiene y sin embargo es posible que por ese mismo sinsentido sea acaso lograble abrir los grilletes que tampoco tienen ya sentido en virtud de que no hay ya nada de qué escapar... más aún ya no hay a dónde escapar... ni necesidad de escapar de nada... Ironico ¿no?... que eso y no otra cosa sea... es... la libertad...
- tienes razón... no hay más ciego que el que no quiere ver... pero (y sonrio), quién creyera que lo contrario también es enteramente verdad...
afura llueve suavemente... adentro también...
Saludos...
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