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Un legítimo suicida es conciente de que ilusión, sueño y esperanza son espejismos en el desierto de la inercia...
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... sabiendo esperar un poco
martes, 25 de marzo de 2008
martes, 11 de marzo de 2008
P.
(Del final...)
De uno de mis "blogs" favoritos...
www.elcementeriodelasbuenasintenciones.blogspot.com
martes 11 de marzo de 2008
Relojes y mapas.
:: Encuentros con entidades.
R. tiene una pequeña librería de viajes en el centro de la ciudad.
- A veces tengo la sensación de ser un punto de información más que una librería me comenta. Los turistas no dejan de entrar a preguntar direcciones ¿Dónde está el museo de arte contemporáneo? ¿Qué parada de metro es la que tengo que tomar para ir a...? Pero apenas vendo libros. Voy a tener que pedir una subvención al Ayuntamiento o exigir que me compren un mapa por cada indicación. Todo el día igual. Eso sin contar a los clientes de la librería esotérica que queda en la calle paralela a la mía. Atraviesan todo el local sin mirar y me plantan en la cara un título tipo La iluminación del tiempo. o Cómo encontrarse a uno mismo. Y cuando les explicas que sólo vendes libros de viajes te miran como si les estuvieras engañando. El otro día uno va y me suelta ¿astrales? No entiendo como quieren ver más allá si no saben entender lo que tienen delante de las narices. Lo he puesto bien grande en la puerta: Librería especializada en viajes. No es tan difícil ¿cómo pretenden leer libros si no saben leer un cartel?Le dejo hablar, parece preocupado. Creo que hay algo que le ronda por la cabeza pero no acaba de encontrar la forma de contármelo.
- ¿Tú sabes hacer algo con las manos? - pregunta R. - Quiero decir construir algo y no me refiero a muebles de esos desmontables con planos hechos por finlandeses.
No sé que contestar.
- Yo creo que no podría ni montar un mueble de esos - continúa R. - Creo que no entiendo bien los planos nórdicos. Ya sabes no están hechos para nosotros. Demasiado seguir las instrucciones. Me refiero a no sé... Verás... Ayer entro un hombre en la librería. Debía de tener cerca de sesenta años. Por su aspecto enseguida vi que estaba perdido o equivocado. Pero no parecía un turista y tampoco mostraba la mirada pérdida de los esotéricos. Se acercó al mostrador y me preguntó si tenía libros sobre técnicas de trabajo con materiales. Alguien le había indicado esta zona de la ciudad porque había bastantes librerías. Le contesté que no pero me interesé por lo que estaba buscando. Técnicas de vaciado algo así y trabajo con bronce. Le recomendé la tienda de materiales de bellas artes que queda un par de calles más abajo. Probablemente no tengan libros pero tal vez le podrían ayudar. El tipo pareció dudar un momento. Al parecer ya había estado allí y no tenían nada, ellos le habían indicado esta dirección, llevaba dando vueltas en redondo por el centro toda la tarde. Entonces me contó que era relojero. Lo dijo con pena. Se están perdiendo los oficios manuales me dijo. Ya no tengo aprendices y es muy difícil encontrar libros que enseñen estas técnicas. Me di cuenta de que tal vez le habían indicado la librería de diseño industrial que abrieron el mes pasado. Le apunte la dirección en una tarjeta y se la entregué. Me dio las gracias efusivamente y se fue muy contento. Parecía feliz con su nueva pista. Le seguí con la mirada hasta que salió de la tienda, después baje al almacén a buscar unas cajas de libros que debía colocar en las estanterías. Cuando volví al mostrador vi que el relojero había vuelto y esperaba a que le atendiera. Se le ha olvidado algo, pensé. Parecía perdido y miraba los montones de libros a su alrededor con curiosidad. Me puse frente a él. ¿Qué desea? Le dije sonriendo. De pronto reparo en mi y pareció asustarse. Como si hubiera visto un fantasma. Me señalo con el dedo y se puso blanco. Balbuceaba ¿Ya he estado aquí verdad? me pregunto. Sí, hace un momento. Vaya he debido de dar la vuelta a la manzana. He visto una librería y me he dicho esta es la mía. Se echo a reír pero al instante se detuvo en seco. Buenas tardes añadió y se fue. Parecía triste.
R. baja la vista. Le noto cansado.
- El mundo se queda sin relojeros - me dice. - ¿Lo sabías?
Confieso que no, nunca me lo había planteado.
- ¿Sabes que significa eso? - pregunta despacio.
Me temo que él si. Pero no va a haber tiempo para que me lo cuente. J. acaba de entrar en el café donde le estábamos esperando. Llega jadeante como si hubiera venido corriendo. Llegamos tarde, como siempre, nos anuncia con tono severo. R. y yo nos miramos y sin decir palabra cogemos rápidamente nuestros abrigos y salimos a la calle. Caminamos deprisa detrás de J. que marca el ritmo. Le pregunto a R. dónde vamos. Él tampoco lo sabe.
Publicado por P. en 1:03
Me agrada mucho P. Empezando por este detalle que me molesta como si se me entumeciera una mano... como un cabellito clavado en el cuello de la camisa... ¿Por qué rayos no les pone nombres a sus personajes?... jejeje... deliciosamente detestable...
Si de por si, una librería es prácticamente un suicidio... aquí en México no duraría un mes un negocio de "Librería Especializada en Viajes", aunque me recuerda que hay negocios que uno no sabe "¿De qué vivirán?" (salvo que sean negocios para lavar dinero...)
jejeje... cierto que muchos "devotos extremos" de tal o cual corriente de pensamiento pareciera que hacen cualquier cosa, menos pensar... con cuántos no nos topamos a diario...
¿De qué hablamos cuando queremos hablar de algo? Pareciera que "eso" no puede hablarse con el lenguaje común... que se requiere otro código... otra forma... hay argumentos que simplemente no podemos expresar... hay "cosas" que nunca diremos, aunque nos esté reventando el pecho... aunque muramos con la angustia a flor de faz...
A mí me encanta armar muebles con instrucciones precisas... de esos que tienen contados los tornillos, y las tuercas, los clavos... a veces hasta la herramienta necesaria incluyen... me encantan... A... B... C... La angustia cuando cuentas una a una las piezas con el temor de que falte una... jajaja... y cuando acaso no entiendes una parte, o te la pretendes saltar... y en efecto, resulta que luego tendrás que volver sobre lo armado porque no es posible montar primero la pieza D si no has montado primero la pieza C... jajaja... y más vale que entiendas lo escrito porque no hacerlo es garantía de que el mueble no quedará... jajaja... y aquí entre nos... yo sí he "adaptado" alguna vez uno de estos muebles... y me quedó padrízimo... jajaja...
... me habría gustado mucho ser relojero... de los buenos... de esos que manipulan esos relojes de los que lo más cerca que estarás en la vida es una fotografía en una revista... dar mantenimiento a una de esas piezas "edición limitada y numerada"... laborar en un recinto pequeño... limpízimo... silencioso... aislado del mundo... develando las entrañas de maquinitas que cuentan el tiempo sin importar el tiempo... tratar con maquinarias frias... precisas... predecibles... un refugio... mientras todo pase... Es bueno que no haya cumplido ese "sueño"... porque seguramente la añoranza de ese "sueño" es lo único real acerca de él... en fin...
Y el final... ¿Cómo será el final?... es una pregunta latente... como una sombra, como un murmullo... aprendemos a vivir con él... sabemos de él... y cada uno tenemos una plena relación establecida que nos permite sobrellevarlo con alguna dignidad... pero no deja de intrigarnos... yo tengo mi salida... y a ella "encomiendo mi espíritu"... mi único temor es que no vaya a funcionar... porque no tengo plan "B"...
Saludos...
G U I L L E R M O
De uno de mis "blogs" favoritos...
www.elcementeriodelasbuenasintenciones.blogspot.com
martes 11 de marzo de 2008
Relojes y mapas.
:: Encuentros con entidades.
R. tiene una pequeña librería de viajes en el centro de la ciudad.
- A veces tengo la sensación de ser un punto de información más que una librería me comenta. Los turistas no dejan de entrar a preguntar direcciones ¿Dónde está el museo de arte contemporáneo? ¿Qué parada de metro es la que tengo que tomar para ir a...? Pero apenas vendo libros. Voy a tener que pedir una subvención al Ayuntamiento o exigir que me compren un mapa por cada indicación. Todo el día igual. Eso sin contar a los clientes de la librería esotérica que queda en la calle paralela a la mía. Atraviesan todo el local sin mirar y me plantan en la cara un título tipo La iluminación del tiempo. o Cómo encontrarse a uno mismo. Y cuando les explicas que sólo vendes libros de viajes te miran como si les estuvieras engañando. El otro día uno va y me suelta ¿astrales? No entiendo como quieren ver más allá si no saben entender lo que tienen delante de las narices. Lo he puesto bien grande en la puerta: Librería especializada en viajes. No es tan difícil ¿cómo pretenden leer libros si no saben leer un cartel?Le dejo hablar, parece preocupado. Creo que hay algo que le ronda por la cabeza pero no acaba de encontrar la forma de contármelo.
- ¿Tú sabes hacer algo con las manos? - pregunta R. - Quiero decir construir algo y no me refiero a muebles de esos desmontables con planos hechos por finlandeses.
No sé que contestar.
- Yo creo que no podría ni montar un mueble de esos - continúa R. - Creo que no entiendo bien los planos nórdicos. Ya sabes no están hechos para nosotros. Demasiado seguir las instrucciones. Me refiero a no sé... Verás... Ayer entro un hombre en la librería. Debía de tener cerca de sesenta años. Por su aspecto enseguida vi que estaba perdido o equivocado. Pero no parecía un turista y tampoco mostraba la mirada pérdida de los esotéricos. Se acercó al mostrador y me preguntó si tenía libros sobre técnicas de trabajo con materiales. Alguien le había indicado esta zona de la ciudad porque había bastantes librerías. Le contesté que no pero me interesé por lo que estaba buscando. Técnicas de vaciado algo así y trabajo con bronce. Le recomendé la tienda de materiales de bellas artes que queda un par de calles más abajo. Probablemente no tengan libros pero tal vez le podrían ayudar. El tipo pareció dudar un momento. Al parecer ya había estado allí y no tenían nada, ellos le habían indicado esta dirección, llevaba dando vueltas en redondo por el centro toda la tarde. Entonces me contó que era relojero. Lo dijo con pena. Se están perdiendo los oficios manuales me dijo. Ya no tengo aprendices y es muy difícil encontrar libros que enseñen estas técnicas. Me di cuenta de que tal vez le habían indicado la librería de diseño industrial que abrieron el mes pasado. Le apunte la dirección en una tarjeta y se la entregué. Me dio las gracias efusivamente y se fue muy contento. Parecía feliz con su nueva pista. Le seguí con la mirada hasta que salió de la tienda, después baje al almacén a buscar unas cajas de libros que debía colocar en las estanterías. Cuando volví al mostrador vi que el relojero había vuelto y esperaba a que le atendiera. Se le ha olvidado algo, pensé. Parecía perdido y miraba los montones de libros a su alrededor con curiosidad. Me puse frente a él. ¿Qué desea? Le dije sonriendo. De pronto reparo en mi y pareció asustarse. Como si hubiera visto un fantasma. Me señalo con el dedo y se puso blanco. Balbuceaba ¿Ya he estado aquí verdad? me pregunto. Sí, hace un momento. Vaya he debido de dar la vuelta a la manzana. He visto una librería y me he dicho esta es la mía. Se echo a reír pero al instante se detuvo en seco. Buenas tardes añadió y se fue. Parecía triste.
R. baja la vista. Le noto cansado.
- El mundo se queda sin relojeros - me dice. - ¿Lo sabías?
Confieso que no, nunca me lo había planteado.
- ¿Sabes que significa eso? - pregunta despacio.
Me temo que él si. Pero no va a haber tiempo para que me lo cuente. J. acaba de entrar en el café donde le estábamos esperando. Llega jadeante como si hubiera venido corriendo. Llegamos tarde, como siempre, nos anuncia con tono severo. R. y yo nos miramos y sin decir palabra cogemos rápidamente nuestros abrigos y salimos a la calle. Caminamos deprisa detrás de J. que marca el ritmo. Le pregunto a R. dónde vamos. Él tampoco lo sabe.
Publicado por P. en 1:03
Me agrada mucho P. Empezando por este detalle que me molesta como si se me entumeciera una mano... como un cabellito clavado en el cuello de la camisa... ¿Por qué rayos no les pone nombres a sus personajes?... jejeje... deliciosamente detestable...
Si de por si, una librería es prácticamente un suicidio... aquí en México no duraría un mes un negocio de "Librería Especializada en Viajes", aunque me recuerda que hay negocios que uno no sabe "¿De qué vivirán?" (salvo que sean negocios para lavar dinero...)
jejeje... cierto que muchos "devotos extremos" de tal o cual corriente de pensamiento pareciera que hacen cualquier cosa, menos pensar... con cuántos no nos topamos a diario...
¿De qué hablamos cuando queremos hablar de algo? Pareciera que "eso" no puede hablarse con el lenguaje común... que se requiere otro código... otra forma... hay argumentos que simplemente no podemos expresar... hay "cosas" que nunca diremos, aunque nos esté reventando el pecho... aunque muramos con la angustia a flor de faz...
A mí me encanta armar muebles con instrucciones precisas... de esos que tienen contados los tornillos, y las tuercas, los clavos... a veces hasta la herramienta necesaria incluyen... me encantan... A... B... C... La angustia cuando cuentas una a una las piezas con el temor de que falte una... jajaja... y cuando acaso no entiendes una parte, o te la pretendes saltar... y en efecto, resulta que luego tendrás que volver sobre lo armado porque no es posible montar primero la pieza D si no has montado primero la pieza C... jajaja... y más vale que entiendas lo escrito porque no hacerlo es garantía de que el mueble no quedará... jajaja... y aquí entre nos... yo sí he "adaptado" alguna vez uno de estos muebles... y me quedó padrízimo... jajaja...
... me habría gustado mucho ser relojero... de los buenos... de esos que manipulan esos relojes de los que lo más cerca que estarás en la vida es una fotografía en una revista... dar mantenimiento a una de esas piezas "edición limitada y numerada"... laborar en un recinto pequeño... limpízimo... silencioso... aislado del mundo... develando las entrañas de maquinitas que cuentan el tiempo sin importar el tiempo... tratar con maquinarias frias... precisas... predecibles... un refugio... mientras todo pase... Es bueno que no haya cumplido ese "sueño"... porque seguramente la añoranza de ese "sueño" es lo único real acerca de él... en fin...
Y el final... ¿Cómo será el final?... es una pregunta latente... como una sombra, como un murmullo... aprendemos a vivir con él... sabemos de él... y cada uno tenemos una plena relación establecida que nos permite sobrellevarlo con alguna dignidad... pero no deja de intrigarnos... yo tengo mi salida... y a ella "encomiendo mi espíritu"... mi único temor es que no vaya a funcionar... porque no tengo plan "B"...
Saludos...
G U I L L E R M O
lunes, 3 de marzo de 2008
P.
(De la imposibilidad...)
viernes 29 de febrero de 2008.
La última cena
:: Encuentros con entidades.
- El hombre procura mantenerse ocupado, da golpes en el mantel con el tenedor, dobla una y otra vez la servilleta o pasa distraido el dedo por el borde de su copa. La delgadez del cristal debe resultar agradable. Tal vez, un par de veces, ha pensado en presionar más fuerte con el dedo, en ver brotar su sangre, pero se contiene. La mujer, sentada al otro extremo de la mesa, probablemente divaga sobre el aspecto de la comida o algún problema de trabajo. Yo creo que Él tiene que contarle algo desagradable pero no se atreve.
L. se queda callada. Me mira y sonríe. Hace esto a menudo, inventa pequeños detalles sobre las personas que la rodean, perdón, "deduce". La pareja está sentada a mi espalda. Me vuelvo para observarlos, no veo nada extraño en ellos.
Cenan y hablan.
- Eres una cuentista - le digo a L. devolviéndole la sonrisa.
- No, pero espera - insiste. - ya verás como en menos de media hora están discutiendo.
El camarero se acerca y nos pregunta si queremos más vino. Miro a L. que asiente con un silencio. Nos quedamos callados. Se me hace raro pensar que es la última vez que voy a verla en mucho tiempo. Sin embargo no es una sensación nueva, con ella me sucede a menudo, sólo que está vez es cierta. L. pasea de nuevo su mirada por el restaurante en busca de nuevas víctimas.
- Aquel hombre que cena solo acaba de perder a su mujer - dice de pronto.
- ¿Cuál? ¿El del traje gris?.
- Sí. Probablemente ha muerto.
- Un poco trágico tu final no crees ¿Por qué dices eso?
- Fíjate, come lentamente y cada poco levanta la vista hacia la silla vacía que tiene enfrente y se queda pensativo, con la mirada perdida, esa es la mirada de los que añoran. Además ¿qué hace sólo si no en un local para parejas como este un viernes? La comida no es nada del otro mundo.
Miro al hombre. L. tiene razón, su plato está a medias desde hace unos minutos y mantiene la mirada clavada en el respaldo de la silla.
- Quizás le gusta estar solo - apunto. - Puede que le guste disfrutar de estar tranquilo. No todos necesitamos estar rodeados de gente para sentirnos bien.
L. mira al hombre de nuevo. Esta vez con lastima.
- No, no está sólo - responde con convicción. - Pero la persona con la que está es invisible para nosotros.
Pienso en que Nueva York debe estar frío en está época del año. Seguro que a L. le encantará la ciudad. tendrá un montón de personajes interesantes con los que practicar su arte adivinatorio. Pienso en el tiempo de nuestras peleas, en el que esta manía suya me molestaba y no acabo de entender porqué. El camarero llega con otra botella de vino y la abre delante de nosotros. Vierte un poco de vino en mi copa para que la pruebe pero le digo que está todo correcto con la mano. L. se incorpora y tomando mi copa y bebe de mi copa. Saborea el vino lentamente como si realmente supiera lo que está haciendo. El camarero sonríe y deja la botella sobre la mesa. Después se va. De pronto un ruido de cristales me sobresalta. Al girarme veo como la pareja que había llamado al atención de L. se ha levantado de la mesa. Ella le aparta a un lado de un empujón y sale a toda prisa del restaurante. Él vuelve a sentarse, tranquilo y contempla con tristeza la enorme mancha de vino que cubre su camisa. Me vuelvo hacía L. que arquea las cejas mientras bebe de su copa. Tiene esa mirada suya de "ves, te lo he dicho" pero no se regodeará en su triunfo, nunca lo hace.
- ¿Sabes? - le digo. - Tal vez cuando te hallas ido yo también venga aquí solo alguna noche como ese hombre.
L. no dice nada. Baja la cabeza y hunde la cucharilla en el pastel que acaban de servirnos. Saborea lentamente el chocolate y observa con mirada perdida al hombre del traje gris.
- Se que lo harás - dice sin mirarme. - pero cuando vengas pide también una copa de vino para mi ¿Me lo prometes?
Sonrío. No contesto, no veo que haga falta decir nada más. Cojo la cucharilla y pruebo mi ración de tarta. Tiene un sabor extrañamente amargo.
Publicado por P. en 16:55
www.elcementeriodelasbuenasintenciones.blogspot.com
Reflexionando sobre la Felicidad, Santo Tomás de Aquino decía que, de entrada, sea lo que sea que requiriésemos para lograrla, estaría acompañada siempre, como una sombra, de la posibilidad de que nos fuese arrebatada… Y más aún, la felicidad absoluta es imposible (en vida) por la certeza de que sea lo que sea que nos haga felices, nos será arrebatado por la muerte… el colofón de esta reflexión es obvio y conocido…
Lo que nos define como patéticos a algunos de nosotros es el hecho de no poder disfrutar de algo, lo que sea, que nos es concedido disfrutar en algún momento, por el hecho de anticiparnos “ya” a su pérdida total… Y cuanto menos disfrute y acaso más angustia, cuanto más felicidad nos pudiera proporcionar… Sí… patético… pero sólo de manera inmediata… porque pensándolo un poco… si bien nunca termine por ser aceptable… creo que sí puede resultar, al menos, comprensible… pero qué puedo decir yo…
Saludos...
-
viernes 29 de febrero de 2008.
La última cena
:: Encuentros con entidades.
- El hombre procura mantenerse ocupado, da golpes en el mantel con el tenedor, dobla una y otra vez la servilleta o pasa distraido el dedo por el borde de su copa. La delgadez del cristal debe resultar agradable. Tal vez, un par de veces, ha pensado en presionar más fuerte con el dedo, en ver brotar su sangre, pero se contiene. La mujer, sentada al otro extremo de la mesa, probablemente divaga sobre el aspecto de la comida o algún problema de trabajo. Yo creo que Él tiene que contarle algo desagradable pero no se atreve.
L. se queda callada. Me mira y sonríe. Hace esto a menudo, inventa pequeños detalles sobre las personas que la rodean, perdón, "deduce". La pareja está sentada a mi espalda. Me vuelvo para observarlos, no veo nada extraño en ellos.
Cenan y hablan.
- Eres una cuentista - le digo a L. devolviéndole la sonrisa.
- No, pero espera - insiste. - ya verás como en menos de media hora están discutiendo.
El camarero se acerca y nos pregunta si queremos más vino. Miro a L. que asiente con un silencio. Nos quedamos callados. Se me hace raro pensar que es la última vez que voy a verla en mucho tiempo. Sin embargo no es una sensación nueva, con ella me sucede a menudo, sólo que está vez es cierta. L. pasea de nuevo su mirada por el restaurante en busca de nuevas víctimas.
- Aquel hombre que cena solo acaba de perder a su mujer - dice de pronto.
- ¿Cuál? ¿El del traje gris?.
- Sí. Probablemente ha muerto.
- Un poco trágico tu final no crees ¿Por qué dices eso?
- Fíjate, come lentamente y cada poco levanta la vista hacia la silla vacía que tiene enfrente y se queda pensativo, con la mirada perdida, esa es la mirada de los que añoran. Además ¿qué hace sólo si no en un local para parejas como este un viernes? La comida no es nada del otro mundo.
Miro al hombre. L. tiene razón, su plato está a medias desde hace unos minutos y mantiene la mirada clavada en el respaldo de la silla.
- Quizás le gusta estar solo - apunto. - Puede que le guste disfrutar de estar tranquilo. No todos necesitamos estar rodeados de gente para sentirnos bien.
L. mira al hombre de nuevo. Esta vez con lastima.
- No, no está sólo - responde con convicción. - Pero la persona con la que está es invisible para nosotros.
Pienso en que Nueva York debe estar frío en está época del año. Seguro que a L. le encantará la ciudad. tendrá un montón de personajes interesantes con los que practicar su arte adivinatorio. Pienso en el tiempo de nuestras peleas, en el que esta manía suya me molestaba y no acabo de entender porqué. El camarero llega con otra botella de vino y la abre delante de nosotros. Vierte un poco de vino en mi copa para que la pruebe pero le digo que está todo correcto con la mano. L. se incorpora y tomando mi copa y bebe de mi copa. Saborea el vino lentamente como si realmente supiera lo que está haciendo. El camarero sonríe y deja la botella sobre la mesa. Después se va. De pronto un ruido de cristales me sobresalta. Al girarme veo como la pareja que había llamado al atención de L. se ha levantado de la mesa. Ella le aparta a un lado de un empujón y sale a toda prisa del restaurante. Él vuelve a sentarse, tranquilo y contempla con tristeza la enorme mancha de vino que cubre su camisa. Me vuelvo hacía L. que arquea las cejas mientras bebe de su copa. Tiene esa mirada suya de "ves, te lo he dicho" pero no se regodeará en su triunfo, nunca lo hace.
- ¿Sabes? - le digo. - Tal vez cuando te hallas ido yo también venga aquí solo alguna noche como ese hombre.
L. no dice nada. Baja la cabeza y hunde la cucharilla en el pastel que acaban de servirnos. Saborea lentamente el chocolate y observa con mirada perdida al hombre del traje gris.
- Se que lo harás - dice sin mirarme. - pero cuando vengas pide también una copa de vino para mi ¿Me lo prometes?
Sonrío. No contesto, no veo que haga falta decir nada más. Cojo la cucharilla y pruebo mi ración de tarta. Tiene un sabor extrañamente amargo.
Publicado por P. en 16:55
www.elcementeriodelasbuenasintenciones.blogspot.com
Reflexionando sobre la Felicidad, Santo Tomás de Aquino decía que, de entrada, sea lo que sea que requiriésemos para lograrla, estaría acompañada siempre, como una sombra, de la posibilidad de que nos fuese arrebatada… Y más aún, la felicidad absoluta es imposible (en vida) por la certeza de que sea lo que sea que nos haga felices, nos será arrebatado por la muerte… el colofón de esta reflexión es obvio y conocido…
Lo que nos define como patéticos a algunos de nosotros es el hecho de no poder disfrutar de algo, lo que sea, que nos es concedido disfrutar en algún momento, por el hecho de anticiparnos “ya” a su pérdida total… Y cuanto menos disfrute y acaso más angustia, cuanto más felicidad nos pudiera proporcionar… Sí… patético… pero sólo de manera inmediata… porque pensándolo un poco… si bien nunca termine por ser aceptable… creo que sí puede resultar, al menos, comprensible… pero qué puedo decir yo…
Saludos...
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miércoles, 27 de febrero de 2008
Jorge Fernandez Granados...
(Del tiempo que pasa...)
Voy a buscarte, Neme, en milpas de granizo.
Quiero encender la leña, que perfume
esta noche de oficios en el frío.
Lo has olvidado todo, Neme,
te vas de la vigilia.
Tus ojos son pájaros blancos
ahogados en la sombra que ha vencido.
Tuviste tanta fuerza y me abrazabas
cuando llegaba el miedo, sus ángeles helados.
Que alta está la lluvia cuando somos de agua.
Tú quieres ver el mar, Neme, tú quieres
ganar la madrugada, golondrinas,
y un lugar donde seamos hijos
de tus primeros hijos
para sentir la misma savia
que una vez te llenó joven los labios,
y otro fuego en tus manos salamandras
y otro sitio en el árbol de tu cintura firme.
¿Por qué somos de muerte, abuela? Será el viento
o este pequeño nudo de cenizas
donde habitaba con dolor el alma
lo que hoy no deja que te vea;
tus tardes de tomate
y el aleteo de roncas plumas
en el temprano horror de la comida
o el místico biscocho que cerraba
entre un lento café, los rituales nocturnos.
Tus aretes de prisma, un rebozo de nudos,
tu inútil monedero que perdías
en los rincones de la casa a oscuras,
el tono de tu voz bajita
que trenzaba las coplas
cuando una paz la entretenía
en las historias de tu costurero,
las hondas islas del dolor que a ratos
cuajaban en la cera donde ardían tus muertos.
¿Dónde estuvimos antes de ser estos que somos?
En una calle con sus perros flacos
buscando en los pellejos la mordida
de algún precario paraíso,
en frases de fideos,
cebando bolsas de mandado
o témpanos de leche (la puntual
papaya y su tabor de cuescos negros),
o viendo en el arroz materia de castillos.
Alguna vez puliste palabras de otra infancia
y qué raro sonaban en las ollas
o en el pasillo con olor a sol.
Tenías un coro de gallinas
muy tontas y espantadas.
Alguna vez nos enseñaste
que las casas se inundan y perdemos
primero el miedo, un día después los muebles,
la ropa, el tiempo, el frío. Todo se lleva el agua.
La furia nos buscaba con dientes amarillos
que burlaban las rejas del corral
como demonios de rosada trompa
y nos pegaban corredizas.
(Ahí perdí un zapato
y un buen pedazo del orgullo.)
Quedó el panteón de los juguetes tibio
de tanto remendar lo destrozado,
la higuera con su tronco lisiado por manubrios.
¿Qué más puede curarnos? Tu fe de manzanilla,
las noche en que el Diablo busca un alma
y el cuerpo es un enigma de ceniza.
Voz que vaciaba la blancura
en mi corazón triste.
Y entonces comprendí que el mundo
sería un territorio de batallas,
que estábamos aquí, lejos y solos,
bajo el viento que rompe los rojos papalotes.
No tenemos proezas, Neme, sólo recuerdos,
luz entre las paredes de ese patio,
geometrías de tensa mantequilla,
un bosque de oyamel y el cielo
antiguo de aguaceros.
No tenemos más que estos ojos
que cuentan esas alas en el aire
y tiemblan en la noche , los mundanos
tesoros de su lumbre, su pan y su memoria.
Del libro:
"Los Hábitos De La Ceniza"
Jorge Fernandez Granados
Voy a buscarte, Neme, en milpas de granizo.
Quiero encender la leña, que perfume
esta noche de oficios en el frío.
Lo has olvidado todo, Neme,
te vas de la vigilia.
Tus ojos son pájaros blancos
ahogados en la sombra que ha vencido.
Tuviste tanta fuerza y me abrazabas
cuando llegaba el miedo, sus ángeles helados.
Que alta está la lluvia cuando somos de agua.
Tú quieres ver el mar, Neme, tú quieres
ganar la madrugada, golondrinas,
y un lugar donde seamos hijos
de tus primeros hijos
para sentir la misma savia
que una vez te llenó joven los labios,
y otro fuego en tus manos salamandras
y otro sitio en el árbol de tu cintura firme.
¿Por qué somos de muerte, abuela? Será el viento
o este pequeño nudo de cenizas
donde habitaba con dolor el alma
lo que hoy no deja que te vea;
tus tardes de tomate
y el aleteo de roncas plumas
en el temprano horror de la comida
o el místico biscocho que cerraba
entre un lento café, los rituales nocturnos.
Tus aretes de prisma, un rebozo de nudos,
tu inútil monedero que perdías
en los rincones de la casa a oscuras,
el tono de tu voz bajita
que trenzaba las coplas
cuando una paz la entretenía
en las historias de tu costurero,
las hondas islas del dolor que a ratos
cuajaban en la cera donde ardían tus muertos.
¿Dónde estuvimos antes de ser estos que somos?
En una calle con sus perros flacos
buscando en los pellejos la mordida
de algún precario paraíso,
en frases de fideos,
cebando bolsas de mandado
o témpanos de leche (la puntual
papaya y su tabor de cuescos negros),
o viendo en el arroz materia de castillos.
Alguna vez puliste palabras de otra infancia
y qué raro sonaban en las ollas
o en el pasillo con olor a sol.
Tenías un coro de gallinas
muy tontas y espantadas.
Alguna vez nos enseñaste
que las casas se inundan y perdemos
primero el miedo, un día después los muebles,
la ropa, el tiempo, el frío. Todo se lleva el agua.
La furia nos buscaba con dientes amarillos
que burlaban las rejas del corral
como demonios de rosada trompa
y nos pegaban corredizas.
(Ahí perdí un zapato
y un buen pedazo del orgullo.)
Quedó el panteón de los juguetes tibio
de tanto remendar lo destrozado,
la higuera con su tronco lisiado por manubrios.
¿Qué más puede curarnos? Tu fe de manzanilla,
las noche en que el Diablo busca un alma
y el cuerpo es un enigma de ceniza.
Voz que vaciaba la blancura
en mi corazón triste.
Y entonces comprendí que el mundo
sería un territorio de batallas,
que estábamos aquí, lejos y solos,
bajo el viento que rompe los rojos papalotes.
No tenemos proezas, Neme, sólo recuerdos,
luz entre las paredes de ese patio,
geometrías de tensa mantequilla,
un bosque de oyamel y el cielo
antiguo de aguaceros.
No tenemos más que estos ojos
que cuentan esas alas en el aire
y tiemblan en la noche , los mundanos
tesoros de su lumbre, su pan y su memoria.
Del libro:
"Los Hábitos De La Ceniza"
Jorge Fernandez Granados
viernes, 22 de febrero de 2008
Textomontaje...
(Texto de Cristina Rivera Garza; de su novela “Nadie Me Verá Llorar”,plagiado, mutilado, desordenado y montado…)
Cástulo Rodríguez cree que el mundo, alguna vez, será distinto.
Esperanza Garduño cree que todo empezó con el abandono de su esposo y una conspiración familiar, pero también está convencida de que la pérdida de la razón y de la mitad del paladar se debe a la brujería y al socialismo.
Cada vez que visitan a Cresencia Gómez, la ataca el pavor ante los malos espíritus.
Everardo Ponce perdió su voluntad en los telares de una fábrica de la cárcel de Belén.
Cirila Esquivel conversa por horas con seres invisibles a quienes reconoce por sus voces. Está preocupada con la idea de reconciliar todo para que una vez que la paz exista pueda reinar con tranquilidad.
Rafael Mexica, apodado “El Loco”, mató a su compadre frente a la pulquería No Me Olvides. No recuerda nada, porque desafortunadamente, cuando se embriagaba perdía la conciencia, la razón.
Teresa Olivares tiene mal carácter y cierta proclividad a los placeres degenerados. Además, sale sola a la calle y no respeta a nadie.
Juan Nepomuceno Acosta se inyecta cincuenta gramos de heroína al día. Estudiante de Leyes.
Guillermo Noyola cree que el mundo, acaso no tiene remedio.
Matilda Burgos los ve morir, uno tras otro. En veintiocho años que permanece en el manicomio La Castañeda ningún suceso la perturba y nada la hace llorar. Con el tiempo a aprendido a reírse de todo.
Saludos…
-
Cástulo Rodríguez cree que el mundo, alguna vez, será distinto.
Esperanza Garduño cree que todo empezó con el abandono de su esposo y una conspiración familiar, pero también está convencida de que la pérdida de la razón y de la mitad del paladar se debe a la brujería y al socialismo.
Cada vez que visitan a Cresencia Gómez, la ataca el pavor ante los malos espíritus.
Everardo Ponce perdió su voluntad en los telares de una fábrica de la cárcel de Belén.
Cirila Esquivel conversa por horas con seres invisibles a quienes reconoce por sus voces. Está preocupada con la idea de reconciliar todo para que una vez que la paz exista pueda reinar con tranquilidad.
Rafael Mexica, apodado “El Loco”, mató a su compadre frente a la pulquería No Me Olvides. No recuerda nada, porque desafortunadamente, cuando se embriagaba perdía la conciencia, la razón.
Teresa Olivares tiene mal carácter y cierta proclividad a los placeres degenerados. Además, sale sola a la calle y no respeta a nadie.
Juan Nepomuceno Acosta se inyecta cincuenta gramos de heroína al día. Estudiante de Leyes.
Guillermo Noyola cree que el mundo, acaso no tiene remedio.
Matilda Burgos los ve morir, uno tras otro. En veintiocho años que permanece en el manicomio La Castañeda ningún suceso la perturba y nada la hace llorar. Con el tiempo a aprendido a reírse de todo.
Saludos…
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martes, 19 de febrero de 2008
Remansos...
"Siempre, al final de todo, nunca hay nada..."
Llegan...
Al cabo de un vertiginoso vaivén de la vida, momentos de calma que son como remansos, como descansos en una escalera (sea que vayas de subida o de bajada), como miradores naturales a la salida de una arboleda, como agujeros de luz en medio del extravío...
Engaños... Trampas... Grietas ocultas...
No hay consejo que valga... No son lugares de descanso, ni siquiera para bajar la guardia... a menos que los conozcas... y que los reconozcas como atalayas de "lo interior"... como espejos... A menos que a fuerza de haber sufrido malhaya sea cuantos descalabros, te hayas hecho del yelmo doloroso de cicatrices... o acaso hayas aprendido ese sabor amargo, el del tiempo... a menos que llegues a ellos con la familiaridad certeza de que al final, final, te será dado el tan anhelado "seréis como dioses" que, si logras contener el flujo del alma, te descubrirá entre carcajadas el horizonte atestado de soledades... cada una inmersa en su própio vértigo... en su propio engaño... tal cual como si valiera en algo la pena...
Saludos...
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Llegan...
Al cabo de un vertiginoso vaivén de la vida, momentos de calma que son como remansos, como descansos en una escalera (sea que vayas de subida o de bajada), como miradores naturales a la salida de una arboleda, como agujeros de luz en medio del extravío...
Engaños... Trampas... Grietas ocultas...
No hay consejo que valga... No son lugares de descanso, ni siquiera para bajar la guardia... a menos que los conozcas... y que los reconozcas como atalayas de "lo interior"... como espejos... A menos que a fuerza de haber sufrido malhaya sea cuantos descalabros, te hayas hecho del yelmo doloroso de cicatrices... o acaso hayas aprendido ese sabor amargo, el del tiempo... a menos que llegues a ellos con la familiaridad certeza de que al final, final, te será dado el tan anhelado "seréis como dioses" que, si logras contener el flujo del alma, te descubrirá entre carcajadas el horizonte atestado de soledades... cada una inmersa en su própio vértigo... en su propio engaño... tal cual como si valiera en algo la pena...
Saludos...
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lunes, 18 de febrero de 2008
Como una rueda por dentro...
(De los días tristes... por fuera... y por dentro...)
Mucho me dio a escribir este poema... mucho más me ha dado a pensar... tanto, que mejor no escribo nada... creo que el silencio contemplativo al respecto resulta mi mejor comentario...
16/02/08
El humo escapa de la boca,
rueda en las veredas
balanceando un nombre como de lluvia
una humedad que a entre dientes
suena a desierto
Y rueda la mirada
entre otras palabras que ya no divulgo,
que entre miles de otras bocas
esconden grietas tras el silencio:
Dedicarse a espinar las nubes
con los ojos medios ajados;
alunizar un rostro
sin completamente conquistarlo,
inventar el peso de otro cuerpo
como una raíz de aire
Publicado por Kuhane en 3:31
www.la-escafandra.blofspot.com
Gracias Gia...
Saludos...
Mucho me dio a escribir este poema... mucho más me ha dado a pensar... tanto, que mejor no escribo nada... creo que el silencio contemplativo al respecto resulta mi mejor comentario...
16/02/08
El humo escapa de la boca,
rueda en las veredas
balanceando un nombre como de lluvia
una humedad que a entre dientes
suena a desierto
Y rueda la mirada
entre otras palabras que ya no divulgo,
que entre miles de otras bocas
esconden grietas tras el silencio:
Dedicarse a espinar las nubes
con los ojos medios ajados;
alunizar un rostro
sin completamente conquistarlo,
inventar el peso de otro cuerpo
como una raíz de aire
Publicado por Kuhane en 3:31
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Gracias Gia...
Saludos...
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